30 enero 2008

Otro calor



Quién diablos cree tener la dichosa fortuna, o es el placer, o es el amor. Miro, respiro y me interrogo sobre la desgracia humana de la lujuria. No sé si sea tanta desgracia, pero no compararía con nada ese ardor que proviene del amante, del amado y de sus efímeros cánticos. Y te beso, y me besas… desesperados, como si los segundos desordenasen el tiempo; siento aquella inmunidad atrapada dentro de ti y que por arte sale brutalmente para no dejarme pensar. Te sigo, con una arrebatada mano sobre tu cadera que se desliza entre curvas delineadas por un lápiz. Trato de despertar porque no puedo articular ninguna parte de mi cuerpo y me llevas nuevamente entre mariposas sin camino. No sé si es volar, pero sé que se nos olvida el mundo, la gente y el espacio. No hay palabras para describir el gusto que tiene tu boca que no se olvida recorrer ni un solo rincón del amplio mundo. No sientes correr el segundero del reloj. No sientes que lloro, que sonrío tímidamente en esta complicidad que siempre nos encarcela. Levemente trato de mirar tu rostro desorbitado, pero no logras ver nada, solo una pequeña que se acurruca entre tus brazos. No hablas, no hablo… escuchamos cada murmullo agitado. Es el momento en que desearíamos que ese minutero no avanzara jamás.

No hay comentarios.: