07 enero 2008

Historia Verídica ( 2º parte )

Segunda parte- Realato de familia FOSIS


Hace un mes vivían en una casa arrendada muy pequeña con dos piezas a punto de caer, ubicada en calle Caupolicán, Playa Ancha. No podían lucir sus muebles y adornos, por lo que los mantenían guardados en cajas, algunos tuvieron que votarlos porque se arruinaron y otros se humedecieron. Actualmente se cambiaron a un departamento en Porvenir Bajo en Valparaíso que les ofreció la prima de Julia a un bajo costo. Ella al principio no quería porque deseaba un ambiente bueno para sus hijos pero como en todos los lugares hay de todo tipo de personas finalmente aceptó la oferta de su prima. Ahora lucen sus muebles, sus dos hijos comparten una pieza propia, tienen un comedor donde Julia y los niños hacen las tareas y a la vez prepara las empanadas. El lugar de la casa que refleja el esfuerzo de esta dueña de casa es la cocina pues gracias a su superación ha recibido dos premios de micro- emprendimiento; el primero de ellos un horno y el segundo una cocina junto a un refrigerador, los cuales han sido de gran ayuda para la venta principal de empanadas, queques y chaparritas que aprendió a hacer en los cursos brindados por el FOSIS.

El comedor lucía dos arreglos de flores que le habían regalado por su graduación en el Teatro Municipal de Valparaíso. Uno de los ramos se los obsequió su hija Soledad y el otro sus profesores. El árbol de navidad estaba decorado con muchos adornos de diferentes colores y diseños, Julia se acercó para sacar una tarjeta con forma de corazón que sus hijos le habían hecho a mano para felicitarla por su graduación. En el interior del regalo, cada uno de sus hijos había escrito un mensaje para su madre. Un espacio sin escribir marcaba la tarjeta, aquel lugar era el de su esposo quién no alcanzó a redactar nada, ya que se encontraba arreglando el medidor de la luz justo en el momento en que iba a comenzar la graduación. Atrás de la tarjeta estaba marcada la patita de su mascota, un gato grande de color amarillo. El orgullo de la familia podía notarse en cada letra que construía frases de amor para su madre. Julia se notaba feliz y mostraba algunos regalos que le habían dado anteriormente. La pequeña Karina, entraba y salía de su habitación para mostrar sus juguetes, pero aún así se mostraba tímida para hablar.

Enfermedad de Karina



La situación al parecer había comenzado a empeorar, Karina su hija menor- una niña de contextura delgada, tez blanca y pelo negro amarrado con dos largas trenzas- sufrió displasia congénita, enfermedad que le afectaba a sus caderas. Esto fue detectado después de un año de recién nacida y tuvo que someterse a tratamientos por largo tiempo hasta conseguir ser operada. Su primera operación fue cuando tenía un año y medio por lo que aprendió a caminar a los 2 años. Karina, permaneció 9 meses con sus piernas enyesadas las cuales se mantenían abiertas y niveladas por medio de un palo. Ella no conocía sus extremidades. Muchas veces la niña se entretenía jugando con su yeso y el nivelador, quebrándolo en variadas ocasiones, razón por la que tenía que ser llevada a la posta por sus padres.

-Yo con mi esposo teníamos que correr para ver a nuestra hijita, se nos vino todo el mundo abajo, Rossana el apoyo familiar llegó justo a tiempo, me abrió todas las puertas, pero al final todo me ha llevado a darme cuenta que uno tiene que salir adelante, aprovechar las oportunidades que uno tiene y pase lo que pase buscar. Cuando le sacaron el yeso a mi hija estaba muy feliz de ver sus piernas, se las tocaba y ahí aprendió a caminar de a poquito-. Así relató la historia conmovedora que había tenido que sufrir junto a su pequeña hija. Sus ojos brillosos miraban sus manos que se juntaban nerviosamente entre sí. Al lado de ella estaba Karina, escuchando y mirando tímidamente como su madre relataba la historia que la vinculaba.

Micro-emprendimiento



El emprendimiento que recibió esta familia gracias a su esfuerzo fue un horno. Julia con los cursos de repostería, manipulación de alimentos…brindados por el FOSIS comenzó a vender empanadas. El dinero que el programa le entregó fue $300.000 para los materiales y los insumos. En un principio aprendió con una persona y cuando vio que iba a tener su horno del FOSIS le pidió si le podía enseñar a hacer la masa, pero le dijo que no porque eso era un secreto y había que aprenderlo. -Yo me arrodillé hice una oración y dije: aquí tiene que venir mi talento. Yo a ella le picaba la cebolla nomás.
Me tiré a hacer una masa y empezó a salir súper rica. “Eso es para que usted empiece de abajo”, me decía la señora y ahí fui haciendo-. De esta forma Julia comenzó a practicar su propia modalidad de hacer empanadas, colocando en cada ingrediente su propio talento.

Julia se maneja haciendo empanadas, queques, tortas y una variedad de cosas dependiendo también de la fecha. Hay algunas topes y hay otras que bajan después del dieciocho. No hace todos los días porque se pueden perder. Para Fiestas Patrias hizo alrededor de 400 empanadas. Sus productos son sanos y no con mucho aliño por lo que causan éxito en los niños de los colegios. Hace con y sin pasas y algunas con merquén para los diferentes gustos. Uno de los secretos está en hacer el pino separado de la cebolla para que esta quede más suave. Para Navidad hace pan de pascua y para el verano en los meses de enero y febrero cocina pastel de choclo y humitas.

En un principio como no tenía refrigerador tenía que hacer todo en el día y comprar las cosas en el momento, por esto el curso de manipulación de alimentos para ella fue fundamental. Hace unas semanas recibió un premio de un segundo micro-emprendimiento que consistió en una cocina y un refrigerador para que los alimentos se mantengan en mejores condiciones. Compra los ingredientes en los almacenes de calle Uruguay donde está el “Mercado Cardenal” ahí se pasea buscando las ofertas de huevos, harina y aceitunas.

-Cuando viene alguien le decimos que vamos a tener queques para pascua, a los apoderados del colegio de los niños, centro de padres, etc. Uno se va promocionando al tiro y yo no puedo comerme las cosas porque engorda mucho, la Karinita come empanadas... le hago de queso y mil hojas-. –A mi me gustan las chaparritas-, comenta la hija con una sonrisa picarona-. Su esposo y su hijo Benjamín son los que la ayudan a repartirlas en las mañanas y de repente va ella con Karina. Cuando los pedidos son muy grandes su cuñada le ayuda a hacer los queques y las masas, para eso Julia tiene un mantel blanco especial que una vez utilizado lo lava con cloro. Arriba del horno ella guarda una máquina especial para moler huevos, papás y otros alimentos, además de una batidora. Julia ha conversado con otras personas la posibilidad de formar a futuro un grupo de banquetería.





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