La savia de un beso en el crepúsculoCambia de color el infinito del cielo.
Vuelve locos a los amantes
Deteriorados pero con más vida que antes,
Casi perdiendo la respiración agitada.
Nuevamente te encuentras
Tocando mi hombro con tus manos.
Recostados mirando entre la oscuridad
El brillo de nuestros tristes ojos.
Contemplando la calidez
De nuestros cuerpos muertos de cariño.
Aprietas mi cuerpo contra el tuyo,
Y la pasión desesperada
Guardada por tantas noches egoístamente
Sale a flote en un desparramo de roces.
Fugazmente, enloquecedor momento.
Nos volvemos uno del otro.
Tus dedos quedan clavados sobre mi piel,
Y mis palabras se funden dentro de tu oído.
Todo se torna de un abrigo,
De cierta paz que tanto nos faltaba,
Paz agonizante en otros brazos.
Vuelve a mí la tranquilidad de tu latido.
Y besas el aire,
Besas el aroma fresco,
La vida y mi ser.
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