
Se levantó pasmada de la agonía de su sueño y no encontró explicación alguna a lo que en ese momento sentía. Estando en la cocina miró todo, como si nunca hubiese estado en aquel lugar, se sentía extraña en un sitio que era su propia casa. Finalmente decidió tomar un vaso de leche, pero algo la angustiaba y permanecía cargado en el ambiente. Quiso gritar desesperadamente, pero algo profundo la detenía, sabía que alguien más estaba presente, quizás dentro de ella o no, pero alguien estaba ahí. Intranquilizada volvió a su habitación, mientras que en el pasillo corría un fuerte aroma de flores secas que atrapaban su esencia, su alma, su dolor, su angustia y hasta su propio deseo de la inexistencia.
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