Toc, toc, toc!
sonó la puerta
y entró la felicidad.
De alegría se llena mi casa.
Mis manos no dejan de temblar,
porque el corazón se estremce
de tanto alboroto que no puede ordenar.
Ordenar para qué,
si este desorden me mantiene cálida.
Felicidad, felicidad
me subiré a una colina
para gritar, saltar y volar.
06 marzo 2009
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