
Somos humanos, tan imperfectos
Tan llenos de celos, torpezas, pretextos.
Somos de lo que Dios trajo al mundo:
Un hombre que se cree el centro,
Una mujer nacida de una costilla.
Somos tan desgraciados para vivir,
Pero la poca vida la aprovechamos.
Fue durante una noche,
Cuando se acercó y de un espasmo
Vació mi cintura entre sus manos.
Y los labios se entre abrieron,
Cuando de repente la saliva se esparció
Entre dos lenguas que hacían el amor.
Cuando abrí los ojos por la mañana
Me encontré con un rostro
Que acariciaba mi nariz,
Con un cielo azulado
Que cubría el vaivén de pasos torpes.
Prometí no dejarte ir por entre los granos de arena,
Y te encontré cada día con tu pecho dormido,
Con mis manos adormecidas,
Con mis pies entre la brisa,
La mirada borrosa, la sonrisa perdida.
