El último día que estuve con él, no pensé que sería el fin, ni el principio de tan polvorienta historia. Estaba en mi casa, sola, me carcomía por dentro las ganas de verlo. Alrededor de 4 días antes, había recibido una llamada, era él, me costó creerlo porque no hablábamos hace un par de semanas. Contesté el teléfono.
-Aló- pronuncié.
Un diminuto silencio hasta escuchar su voz, un poco tímida.
-Hola- dijo
-Hola-contesté, de una forma casi monótona.
Hablamos un par de minutos de cosas sin importancia, hasta que descubrí el por qué de su llamado. Quería salir, y cuando lo dijo me negué. Puse un par de excusas, no sé por qué razón, pero lo hice. Finalmente, terminó por convencerme y me esperaría dentro de media hora en su casa.
Mi mamá no estaba, eran más o menos las 8.30 de la tarde, así que decidí dejar una nota y me fui. En el camino, no dejé de pensar cosas extrañas, no me entendía a mí, mucho menos pretendía entenderlo a él, único en su naturaleza. Habían pasado tantas cosas memorables, que no me extrañaba en que siguieran pasando, por ello, siempre me llevaba nuevas sorpresas y terminaba conociéndolo más de lo que creía hasta ese entonces.
Cuando llegue a su casa, toque el timbre, contestó la voz de un hombre que no reconocí en un principio, era su primo. Estaba un tanto nerviosa, pues siempre los encuentros furtivos con él me ponen con la cabeza en el suelo, motivo por el cual pase de largo por el pasillo y decidí saludar a su familia. Me quede bastante rato conversando por ahí, hasta que sentí sus pasos y su voz acercándose de a poco. Miré al instante la entrada de la habitación, y me encontré con los mismos ojos que siempre suelen cambiar su forma cuando me encuentro presente. Esos ojos de paz, de alegría, de afecto y tranquilidad.
Nos saludamos, lejanamente como siempre, como si no nos importara la presencia de cada uno, luego se sentó frente a mi mirándome de reojos, así como yo también lo hacia. El tiempo pasó rápido, y eran más o menos las 10.00 pm cuando decidimos salir a algún lugar. Yo, quería ir a caminar por la playa, pero creo que era demasiado tarde y descartamos esa opción, aunque en un instante lo noté ilusionado por aquello. Siempre compatibilizábamos con nuestras ideas, por lo que poco nos costaba decidir lo que queríamos hacer, encontrábamos la manera de darnos un gusto adecuado para los dos. Decidimos ir al centro, había una feria del libro que sería interesante visitar. Nos despedimos de los que estaban en la casa e invitamos a su primo, pero estaba durmiendo y no quiso acompañarnos, en realidad creo que pensó en que deberíamos estar a solas. Salimos de la casa y nos fuimos caminando, entre abrazos y risas. Yo, tenía un poco de frío y me agradó sentirme entre sus brazos.
* Un proyecto que tengo en mente. Faltan cosas que detallar, pero creo que es un buen principio. Es sólo una parte a la cuál le falta mucho...