25 diciembre 2007

Navidad



Época de nostalgia, de recuerdos, de mi infancia. Se siente una leve angustia por lo que somos, y por lo que nos hemos convertido. Navidad, sólo con escuchar esa palabra mis ojos brillaban. Recuerdo incluso haber contado los días y tacharlos en un calendario. Tener esa ilusión de que había algo más allá que los regalos, y eso tiene nombre: un caballero de panza redonda, barba blanca, traje rojo, gorrito con pom-pom, trineos con renos y campanas. El imborrable Viejo Pascuero. Los regalos pasaban a segundo plano pues venía de él, el señor que tanto esperaba después de la cena que preparaba mi mamá. Fueron tiempos llenos de cosas mágicas, a tal punto de creer que la constelación pléyades era el viejito pascuero y su trineo. Hoy veo a mis primos, y me doy cuenta que todo es tan diferente. Ellos no creen, saben que los regalos se los traen sus padres, no saben por qué, sólo reciben ese consumo que a su familia los vuelve locos… “ Feliz …” que cada uno le ponga su nombre. Para mi, Navidad de niños.

23 diciembre 2007

Más que palabras



Convulsionemos desde las raíces más ancestrales
Junto a las semillas que luego se convertirán en hojas,
En donde cada mañana y atardecer seremos regados por el sereno.
Mostrémosles el ancho mundo de la sabiduría
A quienes no respiran los aires de la cordilla.

Renace, amante, de las altas y bajas colinas
Y sé tú mi fugaz resplandor cuando se abra el cielo.
La tierra húmeda yacerá impregnada en nuestros bríos,
Y caerán sus granos llenos de energías
Donde nacerá la hoja más bella.

Señor del Sol, toma entre tus manos
Esa hojita verde que ha nacido.
Señor de la Luna bríndale la noche,
La noche más larga entre tus brazos.




* Para todo aquel que conoce las más locas dimensiones, llamándoles amor a algo más bello que esa palabra...

20 diciembre 2007

Historia Verídica

Escrito por: Nora Álvarez y Maria Alejandra Cárdenas.


Forjando el futuro


Los ingredientes perfectos para una familia emprendedora




Julia Cepulich - una mujer de baja estatura, lleva su pelo castaño tomado y es madre de tres hijos- Soledad de veintinueve años, Benjamín de doce y Karina de cinco. A su edad sigue luchando por entregarle lo mejor a sus retoños más pequeños y a su esposo Domingo Berríos de 60 años -trabajador esporádico- que ha apoyado a Julia en todas sus proyecciones. En estos momentos se encuentran arrendando un departamento en Playa Ancha, pero están postulando para obtener su casa propia. El anhelo de mejorar su calidad de vida es lo que a esta familia la mantiene unida.

El departamento de color ladrillo donde vive la pareja junto a sus dos hijos más pequeños se ubica en un primer piso del edificio de la población Vista al Mar. Muchos perros rodean las casas, el silencio se ve quebrantado por los pasos de personas ajenas al sector y los vecinos están siempre alerta de cualquier movimiento extraño. La vista privilegiada le da el nombre a la aislada vecindad. Ellos se caracterizan por las ganas de surgir y el esfuerzo plasmado en cada uno de los trabajos que realizan. Es así como han dejado atrás las tristezas para vivir con una esperanzadora sonrisa.

Nadie se imagina que gracias a un horno y el apoyo de los asistentes del Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS), Julia Cepulich, una mujer de 47 años haya salido de un momento difícil en su vida, terminara sus estudios y se convierta en una parte importante en el sustento de su familia. Pertenece a la Iglesia Mormona Jesucristo Santo de los Últimos días, comenzó a asistir cuando su hija Soledad tenía ocho años. Julia, espera con ansias el resultado de la PSU que dio gracias al otorgamiento de una beca en beneficio. Su próxima meta es estudiar algo relacionado con la biología sin dejar de lado a sus seres más queridos.

-Todo fue casualidad, todo ha sido así. Yo estaba estudiando primero medio y tenía muchos problemas, un día una señora los escuchó y me pidió el carné para inscribirme en un grupo de personas para el FOSIS. Yo desconfiaba. Quedaban poquitos días y ella me decía “Julia tu carné, Julia tu carné”…ella me inscribió y salí llamada –, de esta manera la señora Julia declaró la primera instancia en la que se hizo partícipe del FOSIS. Mientras tanto hojeaba sin mirar unos cuadernos que estaban sobre la mesa del comedor. El desconocimiento de Julia en cuanto a los programas entregados por el FOSIS le hacían dudar de la ayuda que se le ofrecía en esos momentos, por ello se demoró en entregar sus documentos, siendo una de las últimas familias que postuló a los programas de emprendimiento. “Me decían que era un emprendimiento que me iba a ayudar y que lo necesitaba, yo no creía porque me habían pasado tantas cosas malas que no creía nada bueno, lo único que veía bueno era mi esposo y mis hijos”, confesó riéndose de su desconfianza y desconocimiento que en ese tiempo la perfilaba.

Julia, había cursado hasta octavo básico al igual que su esposo Domingo Berríos, un hombre alto, pelo corto canoso, que trabaja esporádicamente como carpintero. Ella fue criada por su abuela, la cual le enseñó buenos valores, pero sin embargo era una persona que no tenía mucha educación. Siempre le dijo que la mujer debía ser dueña de casa y el hombre el que debía trabajar y mantener el hogar. De esta forma Julia se crió y se casó con Domingo en Santiago por la Iglesia Mormona cuando tenía 17 años. Él mantenía una diferencia de 14 años con ella. Después de esto Julia tuvo que dejar de prestar sus servicios a la Cruz Roja, dejando de lado el sueño de trabajar en el cuidado de la gente para convertirse en dueña de casa y criar a Soledad que nació al año de casados. -Me casé ilusionada a los 17 años y el tenía 31…ya era grande, ahí se me acabaron las amigas, se me había acabado todo. Mi mamá estaba feliz. Ahora todo ha cambiado, es por eso que muchas de nosotras no tenemos profesiones porque quedábamos embarazadas y no seguíamos estudiando- confesó íntimamente sus pasados recuerdos que rápidamente llegaban a su mente.


* Continuará ...