
Y pensé muchas cosas, que hasta me sentí libre. Cosas que no quería ver, ni sentir, ni siquiera darme cuenta que estaban aquí. Pero sólo bastaba con mirar las estrellas o tal vez el infinito del mar para fijarme de que hay cosas bellas, cosas que aún existen dentro de mí, pero que la polvareda del olvido no dejaba ver. Estás tú, como un ángel intachable que me extiende su frágil y lánguida mano, que cuando me abraza desprende un calor que recorre mi cuerpo y que al besar absorbe todo lo que llevo dentro…

