25 diciembre 2007

Navidad



Época de nostalgia, de recuerdos, de mi infancia. Se siente una leve angustia por lo que somos, y por lo que nos hemos convertido. Navidad, sólo con escuchar esa palabra mis ojos brillaban. Recuerdo incluso haber contado los días y tacharlos en un calendario. Tener esa ilusión de que había algo más allá que los regalos, y eso tiene nombre: un caballero de panza redonda, barba blanca, traje rojo, gorrito con pom-pom, trineos con renos y campanas. El imborrable Viejo Pascuero. Los regalos pasaban a segundo plano pues venía de él, el señor que tanto esperaba después de la cena que preparaba mi mamá. Fueron tiempos llenos de cosas mágicas, a tal punto de creer que la constelación pléyades era el viejito pascuero y su trineo. Hoy veo a mis primos, y me doy cuenta que todo es tan diferente. Ellos no creen, saben que los regalos se los traen sus padres, no saben por qué, sólo reciben ese consumo que a su familia los vuelve locos… “ Feliz …” que cada uno le ponga su nombre. Para mi, Navidad de niños.

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