
De pie, con su estatua de recuerdo,
limpio, como agua erguida a contraluz,
el enamorado de la mendicidad
construye mi biografía.
Amo este ser incansable que me hiere a silencios.
Más día y noche, como un perro macilento,
giro alrededor de mi paraíso
donde dejé la nostalgia
ahora dulcemente mortal.
Si su espada, incandescente de memoria,
durmiera como mi sangre en sus noches.
Pero aquí estas
como álamo empecinado en tu exactitud,
poniendo tu ala lenta, casi fluvial,
sobre mi hombro,
sobre este lugar de carne deliberante y libertaria,
palpando si hay cruz,
si hay al menos un vago dolor cirineo,
y vuelves tu rostro,
tu faz poderosa, como un dalia con la fuerza
intolerable del roble,
como una estrella, con la ira amotinada y luminosa
del relámpago ....
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